John Brian y la muerte derrotada

HOLGUIN.- Un can de pelea fue dramático eje de esta historia. Animal diseñado genéticamente para combatir, el Stafford Chaire Terrier es, siempre, un arma terrible de afilados dientes y tremenda fuerza, una biomaquinaria para matar…
Cuando ataca su furia es inaudita. Los ojos inyectados de sangre, la boca llena de espuma y saliva gruesa…Nada entonces lo detiene. Clavará una y mil veces los colmillos, fijará como tenazas las mandíbulas. No dejará escapar la presa, hasta que esta sea una masa amorfa, triturada, desgarrada, muerta.

Generalmente, por instinto, no hace objeto de su ira al hombre. Pero si un día lo convierte en presa, muy pocos pueden contar sin mutilaciones la experiencia. Más, si su víctima es un niño y pequeño, escalofría tan solo el imaginarlo.
Eso ocurrió con el inquieto y vivaz John Brian Núñez Ramírez, de cuatro años, vecino del barrio de Punta Gorda, de la ciudad de Moa, capital de la minería niquelífera cubana, el 20 de enero último.
En tan terrible trance lo colocó una apetitosa guayaba, que pretendió alcanzar. No vio el inmenso peligro que acechaba en la cercanía del Guayabo. No lo conocía tampoco. Sus ojillos alegres e inocentes solamente miraban el fruto incitante. Pero…
AL FILO DE LA MUERTE
En estado sumamente comprometido para su vida, llegó al pediátrico provincial Octavio de la Concepción, de la ciudad de Holguín. Ya había recibido los auxilios iniciales en el hospital doctor Guillermo Luis Fernández Hernández-Baquero, de Moa. Una lucha sin cuartel por salvarle la vida había iniciado. Casi cinco meses pasados, el triunfo de la ciencia se convirtió en certeza. La muerte era derrotada.
“¡Yo tenía pelos! Un perro se los comió”, dijo juguetón a mi colega Lourdes Pichs, del semanario ¡Ahora!, John Brian unas horas antes de que lo retornaran a ese, el terruño de tierra rojiza que habita con sus padres.

CONTRA LA PARCA
La magnitud de las heridas, en particular el arrancamiento literal de gran parte del cuero cabelludo (que dejó al desnudo el cráneo en buena medida) y de parte del pabellón auricular derecho, planteó una situación inédita, máxime cuando no se localizó referente alguno en la literatura médica que permitiera orientarse.
Había que actuar con suma rapidez y precisión, experiencia y profesionalidad. Cada minuto era importante. Cráneo expuesto, mucha sangre perdida, la posibilidad de infecciones oportunistas, traumas físico grave y psicológico, así lo exigían.
Durante dos meses y días, la lucha se centró en preservarle la vida, amenazada al límite varias veces por sepsis, desnutrición y hepatitis séptica.
Para el doctor Luis Rodríguez, jefe de Terapia Intensiva, es “una experiencia única”, por la cantidad de tejido perdido por el niño, por las complicaciones del cuadro clínico.
Pero ya medianamente estabilizado, correspondió a los Caumatólogos entrar en acción. Cubrir el cráneo expuesto para impedir la necrosis ósea era el camino ante los especialistas Jorge Márquez y Jorge González.
La técnica quirúrgica aplicada, compleja y paciente para permitir la granulación del tejido, consistió en la apertura de multitud de pequeñas perforaciones y canales de comunicación entre ellos, para facilitar injertos de piel.
Cuatro sesiones quirúrgicas, en medio del delicado estado del niño, devinieron desafío.
Aún con una escasa granulación realizaron un primer intento exitoso con tejido del padre, que posibilitó crear las condiciones para el implante definitivo con piel de los muslos de John Brian, conseguido satisfactoriamente.
Entonces se respiró con alivio. La vida del niño estaba asegurada. EN CASA
John Brian es alegría. De nuevo el solecito del hogar. Vital, travieso, sin plena conciencia del drama por vivido, está de nuevo en casa. Un día sabrá aquilatar el inmenso esfuerzo realizado para preservarle la existencia, del amor de los trabajadores de los servicios de Terapia Intensiva y Caumatología, de las enormes preocupaciones generadas, del sufrimiento de mamá y papá. Ahora el sonríe y habla del “perro que le voló encima” con la inocencia de sus cuatro años. Él no sabe…Mientras, hechos similares pudieran repetirse.

Una respuesta to “John Brian y la muerte derrotada”

  1. Que Dios bendiga a este muchachito por su valentía y por sonreír a pesar de todo.
    Y al perro que le metan un cartucho del doce por el culo, y lo que sobre, pa los gatos.

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