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Científico de Harvard: Un apocalipsis zombie es posible

Posted in Zombies with tags on 14 octubre, 2013 by tanatopracticos

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¿Podría ocurrir algún día un apocalipsis zombie? Si trataramos de obtener la respuesta de un científico, esta probablemente sería: no, ni por equivocación. Pero El Dr. Steven C. Schlozman, profesor asistente en la escuela de Medicina de Harvard tiene una respuesta que nos podría sorprender a todos.
‘Aún pienso que los zombies son personajes ficticios’ declara Schlozman en una entrevista, ‘aunque ya no estoy tan seguro’.

Recientemente el Dr. Schlozman publicó un artículo médico en el que analiza de qué manera podría funcionar un cerebro zombie. Se trata de un análisis de ingeniería inversa en el cual el científico explica de qué forma un virus, bacteria, material radiactivo, etc. tendría que afectar a nuestros cerebros de manera que todos comencemos a mostrar los característicos síntomas del estado zombie al que el llama Síndrome atáxico neurodegenerativo de deficiencia de la saciedad o ANSD por su siglas en inglés.
Cómo se tendría que afectar al cerebro para poner a un humano en estado zombie, según el Dr. Schlozman:

El lóbulo frontal.

Es la parte del cerebro que nos permite pensar cuidadosamente y resolver problemas de manera abstracta. El lóbulo frontal se encarga de controlar la impulsividad, por ejemplo, si te encuentras en un arranque de ira ya sea conduciendo por la calle o en una discusión, esta parte del cerebro se encarga de que no atropelles a la gente o le des un puñetazo en la cara a tu adversario. Según el Dr. Schlozman, los zombies obviamente no usan mucho el lóbulo frontal; no pueden abrir puertas o ventanas, no pueden pasar por obstáculos complicados, en si, no pueden resolver problemas y obviamente sus acciones son gobernadas por sus impulsos asesinos. El lóbulo frontal del zombie sólo recibe órdenes del tálamo, que es donde los estímulos sensoriales llegan al cerebro.

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La amígdala cerebral y la corteza cingulada anterior.

Como ya se ha dicho, un zombie es gobernado por sus impulsos y emociones básicas como la rabia y el hambre, los cuales viven en los rincones más primitivos del cerebro, entre ellos:
La amígdala cerebral. El cerebro del cocodrilo por ejemplo, es controlado principalmente por la amígdala. Los científicos han confirmado esto induciendo lesiones en la amígdala de ciertos animales y observando una disminución de su capacidad de reacción y ataque. El balance es mantenido por la corteza cingulada anterior, la cual ‘modula’ la comunicación entre la amígdala y el lóbulo frontal, es decir, en caso de que la amígdala genere miedo, rabia o lujuria, la corteza cingulada entra en acción y permite que el lóbulo frontal tenga tiempo de pensar antes de actuar. Los zombies al tener una corteza cingulada defectuosa debido al daño en el lóbulo frontal, no tendrían manera de modular sus sentimientos. Siempre tienen hambre, siempre sienten rabia.

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El cerebelo y los ganglios basales.

Los zombies sufren de daños en el cerebelo y ganglios basales, partes del cerebro que hacen posible que el cuerpo tenga movilidad fluída y coordinación. Es por eso que los zombies caminan tambaleandose, arrastrando sus miembros y con cierto temblor.
En la opinión del doctor Schlozman, los ‘infectados’ de la película Exterminio (28 dias después en España) no son zombies ya que poseen cierto tipo de ‘actividad alta en la zona de la corteza que les permite cazar humanos’. Adicionalmente los ‘infectados’ exhiben capacidad motriz avanzada e incluso pueden correr, escalar y saltar de manera sobre-humana.

Super Special Halloween Post: ¿De dónde salieron las historias de zombies?

Posted in Zombies with tags on 31 octubre, 2011 by tanatopracticos

El vudú tuvo su origen en África, pero con el mercado de esclavos hacía América llegó a Haití. Aunque oficialmente, los colonizadores prohibieron su práctica, ésta siempre se mantuvo en secreto.

En el siglo **, el dictador Duvalier convirtió el vudú en la religión oficial de Haití, valiéndose de ella para amedrantar y someter al pueblo. Según las creencias, el que conoce el arte del vudú se comunica con los espíritus o loas, adquiriendo el poder para resucitar a los muertos y controlarlos (los zombis). Según esta religión existen dos tipos de zombi: el alma sin cuerpo y los cuerpos sin alma. Los practicantes de la magia negra pueden apoderarse del alma de las personas y transformarlos en muertos vivientes.

El zombie y las creencias
De acuerdo con esta religión un hechicero vudú, bokor o houngan es capaz mediante un ritual de resucitar a un muerto, el precio que pagaría éste sería el sometimiento de su voluntad a la persona que los devuelve al mundo de los vivos. Indepedientemente de estas creencias, muchos científicos se sintieron intrigados por este fenómeno y lo estudiaron.

Investigaciones
Hacia 1937, Hurston se interesó por los rumores existentes que afirmaban que los zombis no eran fruto de la fantasía, sino una realidad. Aunque sospechó la intermediación de drogas psicoactivas no pudo encontrar datos objetivos. Varias décadas después Wade Davis visitó Haití para estudiar la leyenda de los zombis y llegó a publicar dos libros, en los que concluía que una persona puede ser convertida en un zombi mediante el uso de dos sustancias en polvo.

Proceso de zombificación
Este proceso comienza con la elección de la víctima, a la que se decide someter. Una vez elegida, se le administran unos polvos en la bebida, sin que ella lo sepa. El ingrediente principal de estos polvos es la tetratoxina, sustancia que se extrae del pez globo, que habita las costas del Caribe y del Japón. La tetratoxina, un bloqueante neuromuscular, administrado a dosis semiletal, es decir inferior a un miligramo, es capaz de crear un estado de muerte aparente durante varios días, en los cuales el individuo sigue consciente a pesar de todo.

Sus familiares y amigos lo darían por muerto y lo enterrarían. Poco después del entierro, el hechicero procedería a desenterrarlo y a esperar que el organismo eliminara parte de esta sustancia tóxica. Cuando las constantes vitales se fueran normalizando, se administraría una segunda sustancia, esta vez una droga psicoactiva, del género del estramonio o datura. De esta forma se anula la voluntad de la persona y se la utiliza para trabajar en las plantaciones, robar o matar.

Temor a la zombificación
En el Haití actual y, pese a estar prohibida esta práctica, casi todos temen la posibilidad de que sus parientes fallecidos sean transformados en muertos ambulantes. Así, en las zonas rurales, los campesinos gastan sus escasos recursos para recubrir con pesadas losas las tumbas de sus parientes. También excavan las tumbas cerca de carreteras o caminos, para que los hechiceros,por miedo a ser descubiertos, no puedan llevar a cabo su cometido. En otras ocasiones, la familia del muerto vela la tumba durante noches seguidas hasta que el cuerpo se descompone y ya no pueda ser zombificado. En otras zonas, los muertos son enterrados en los patios de las casas para poderlos cuidar.

Los más temerosos toman medidas más drásticas para impedir que sus muertos ingresen en el oscuro mundo de los zombis; inyectan veneno en el cuerpo o sal, lo mutilan con un cuchillo, le rompen la cabeza. Una medida menos drástica consiste en colocar en la tumba agujas y carretes de hilo así como gran cantidad de semillas de sésamo; basándose en la creencia de que el espíritu del muerto estará entretenido enhebrando las agujas y contando las semillas y no escuchará la voz que le ordene salir de la tumba. Otra medida consiste en poner un cuchillo en las manos del muerto para que pueda defenderse.

Pierde parte de su brazo en posible ataque zombie

Posted in Zombies with tags on 9 mayo, 2011 by tanatopracticos

Lees algo así y, automáticamente, piensas “¿qué nos están ocultando?” y “¿por qué nos dijeron que no existían?”.

Situémonos: Nueva Orleans, EE.UU. (en cierto modo no podía ser en otra ciudad). Joseph Lancellotti, jubilado de 67 años, escucha gritos que llegan de su jardín, mira por la ventana y ve a un tipo que, torpemente y enajenado, camina por su propiedad.

Lancellotti se dirige hacia él para saber qué le pasa. No comprende lo que grita el sujeto porque no entiende esa mezcla de español y gemidos que emite su boca, así que se acerca cada vez más armado de un rastrillo, por lo que pueda pasar.

Sin embargo ni él ni nadie podía adivinar lo que pasaría a continuación. El enajenado se lanza contra Joseph, le hinca los dientes en el brazo, le arranca un pedazo de carne y se lo traga.

Lancellotti cae al suelo y, acto seguido, su atacante se tira sobre él, privándole de movimientos.

Afortunadamente es en ese momento cuando Chantal Lorio, podóloga y vecina de Joseph aparece en escena. Había visto desde su ventana a su vecino tirado en el suelo con un tipo que gritaba encima y pensó que lo que estaba pasando era que a Lancelloti le había dado un ataque al corazón y le estaban reanimando.

Claro está, cuando vio un charco de sangre en el jardín se dio cuenta de que la cosa era más grave, golpeó al atacante y liberó a la presa de su depredador.

Ya con la situación dada la vuelta, ambos vecinos trataron de calmar al enajenado, que al poco tiempo se fue de allí y se puso a dar vueltas alrededor de un coche de policía.

El zombie en cuestión resultó ser un tal Mario Vargas que, por cierto y para añadir más suspense a la historía, cuarenta y cinco minutos antes del ataque había abandonado un hospital después de ser tratado por una “lesión” en la mano.

Los portavoces del hospital donde estuvo Vargas no han querido declaradar nada al respecto amparados en las leyes de privacidad.

Total, que creo que unos cuantos ya estamos un pelín acojonados: por lo que a mí respecta tengo un par de amigos que deben estar ahora mismo volando hacia Nueva Orleans por Semana Santa. Les recibiré a la vuelta con un lanzallamas (por lo que pueda pasar).

Zombies

Posted in Zombies with tags on 31 enero, 2010 by tanatopracticos

Los zombies son seres violentos, agresivos… pero no siempre, en muchas ocasiones son sólo seres atolondrados, sin rumbo fijo, que no saben muy bien lo que hacen…
Se alimentan de carne humana, fresca o de muertos recientes.
Algunos zombies consumen otros organismos vivos.
Aparentemente pueden distinguir la diferencia entre un ser vivo y un camarada muerto vivo.
No se atacan entre ellos, a excepción de que estén peleando por una porción de comida.
Frecuentan lugares que les son familiares desde su vida anterior.
En sus estadios de reanimación iniciales parecen muy débiles.
A medida que pasa el tiempo su fuerza va aumentando, ellos pueden abrir a un ser humano solo con las manos.
Una persona que ha sido asesinada por ellos, se reanimará en un par de horas, a excepción de que el cerebro haya sido destruido.
Son incapaces de hablar en forma articulada. Los que han llegado a hacerlo, lo hacen de manera muy rudimentaria.
Algunos tienen una pequeña capacidad de raciocinio o intelectual, aunque este punto es discutido.
Otras observaciones que pueden realizarse son:

Es necesario destrozarles el cerebro para acabar con su existencia
La reanimación únicamente parece afectar a seres humanos.
Los cuerpos permanecen reanimados por un período superior a diez años antes de que la descomposición afecte la movilidad de sus extremidades.
El proceso de putrefacción puede ser drásticamente ralentizado o inhibido.
El nivel de fluidos dentro del organismo parece mantenerse estable, ya que de otra manera los cuerpos se quedarían secos y serían incapaces de mantener sus funciones. De todas maneras nadie ha visto a un zombie bebiendo, excepto cuando comen (bebiendo incidentalmente la sangre de sus víctimas).
No requieren de comida para sustentarse. Un zombie con todos sus órganos internos removidos continúa animado.
Pueden seguir animados sin la afluencia normal de sangre, ya que sus corazones no laten. Este detalle indica que sus células no son abastecidas con nutrientes de manera convencional. Es de notar que sus estructuras celulares permanecen inalteradas durante largo períodos.
La mordida de un zombie no causa directamente la reanimación del damnificado sino su muerte (nadie ha sobrevivido a una mordida). La reanimación no es consecuencia directa de una mordida sino de una causa mayor (enfermedad, plaga, radiación, mutación, etc.)